ABRAZOS GRATIS

Abrazos Gratis

¡ABRÁZAME!

¡ABRAZAR ES SALUDABLE!

Decía la gran Virgina Satir, que la gente es infeliz y enferma porque no nos tocamos lo suficiente.
¿Sabes que para tener una perfecta salud son necesarios de 3 a 5 abrazos diarios?

¿Por qué entonces la gente teme tanto abrazar a otra persona? ¿Por qué mucha gente necesita acudir a cursos de Osho, de Tantra, de otras muchas disciplinas donde lo primero que hacen es enseñarte a abrazar a otra persona? Y da lo mismo que sea hombre o mujer, conocido o desconocido. Simplemente: se practica el ABRAZAR.

Cuando das un abrazo, estás transmitiendo energía a otra persona: a través de las palmas de las manos; a través de tus chakras; a través de la respiración… es lo que se llama “calor de pecho ajeno” y que, en ocasiones de supervivencia, ha sido el único remedio para salvar la vida de una persona. Entonces, ¿por qué no se hace? ¿Por qué la gente ha tenido que salir a la calle a ofrecer abrazos gratis?

La razón: la educastración basada en el miedo. (En mi libro “Retorno al Paraíso. El Despertar” explico detalladamente este proceso).

Y por eso se ha perdido la alegría, la risa contagiosa, y por ello también han surgido los talleres de risoterapia… porque la gente se ha creído la gran falacia de que “hay que tomarse la vida en serio”. Pues por mucho que te tomes la vida en serio, no saldrás vivo de ella, así que, mientras tanto, ¿por qué no te das permiso para disfrutarla, compartirla y multiplicarla muchísimo más… por el mismo precio?

Què triste ver a qué extremo hemos llegado los seres humanos. El qué dirán los demás, los prejuicios sociales, los valores arcaicos de lo que se debe y no se debe hacer, de lo que está bien y lo que está mal según la nefasta programación heredada, repitiéndose de degeneración en degeneración sin que nadie se los cuestione, inventados para eliminar todo aquello que pueda proporcionar felicidad, bienestar, libertad de expresión y manifestación auténticas…

Y lo que es más triste: para sustituir la espontaneidad del abrazo, se han inventado sustitutos virtuales. ¡Qué vacuidad y qué pena!

Mi Amigo Angel Acosta, escribía aqui hace poco, muy brillantemente, una perfecta diatriba a la sociedad:  muchos abrazos y besos virtuales, muchos “emoticones” en vez de emociones auténticas, y preguntaba, con razón: “¿dónde están los abrazos, los besos, las caricias, el tomarse de la mano, el saltar de alegría, el decir “te quiero” sin ambages…?”  Pues la verdad, no sé dónde están, no sé dónde han ido y cómo han desaparecido del ambiente… de la energía, de la alegría, de la vida…

Yo espero de un amigo de verdad, que me abrace cuando lo necesito, que me demuestre su amistad y su afecto con hechos, no solo con palabras; que cuando me envíe un “fuerte abrazo” por email, me lo dé directamente cuando nos encontremos después; que cuente conmigo igual que yo cuento con él o con ella; que podamos compartir nuestra confianza, nuestra complicidad, nuestras alegrías y nuestras penas… si no, me pregunto ¿qué ha pasado también con la sagrada palabra AMIGO/A?

Pues lo que ha pasado, como con muchas otras palabras, es que ha perdido su significado primigenio. Ahora la realidad no es ya vivencial, es virtual: la tecnología ha sustituído para peor los encuentros y reuniones de amigos, y cuando podemos observar un grupo de gente, la mayoría ni se miran, ni hablan: cada cual está más pendiente de su móvil y de los mensajes que pueda recibir de gente lejana, -lo cual, para más inri, es una gravísima falta de educación- que de aprovechar, agradecer y disfrutar el contacto directo de quienes están ahí presentes, cercanos, a mano, vivos y a la distancia de una sonrisa y un cariñoso y tierno abrazo.

Los “amigos” ahora están en Facebook y en las redes sociales. Pues no, perdonadme, esos son sólo contactos virtuales, datos reales o no de personas que, al menos, se sienten identificados con tu “perfil” (no sé cuál, si el derecho o el izquierdo…) pero que en su mayoría ni conoces ni conocerás; ni te conocen ni te conocerán… porque nunca habréis hablado juntos; nunca habréis paseado juntos; nunca os habréis reído juntos y por lo tanto, nunca os abrazaréis con la alegría que da encontrarse con un igual en cuerpo, alma y espíritu, y poder comunicarse a veces con palabras, y otras sólo con una mirada y un fuerte abrazo real, físico, sincero y gratuito. Como hacen los niños. Y recordad: “sólo el que vuelva a convertirse en niño, entrará en el reino de los cielos”.  Y el reino de los cielos no es más que un estado mental y espiritual donde el miedo y la educastración no tienen cabida. Sólo la auténtica y sincera espontaneidad que surge de la nobleza del espíritu y la pureza del alma, es decir, el AMOR incondicional.

Y sobre todo, porque lo que no se da, se pierde.

Inma Capó

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