Escuela de Dioses – Master PNL 2010

dioses

Master en PNL con Inma Capó – Gilet, verano del 2010

Ejercicio final-resumen del curso.

“Escuela de dioses”

 

Diez dioses fueron, precisamente, los que acudieron en el año 2010 a la escuela de capacitación de divinidades.

Diez criaturas perfectas que en algún momento habían olvidado cómo brillar con la totalidad de su luz. Conociendo en lo más profundo las infinitas capacidades de su perfección, cuando supieron llegado el día, hicieron un atadillo con sus pertenencias y marcharon hacia el jardín sagrado de la recóndita tierra de Giletia.

Al llegar, ella les estaba esperando. Poderosa y compacta, erguida y total, sonreía tranquila bajo la intensidad de su mirada azul que todo lo entendía, disfrutando de que los recién llegados le desvelaran sus limitaciones y desnudaran sus almas cuando creían estar tan sólo saludándola.

Los dioses perdidos se fueron reencontrando los unos a los otros entre los árboles y los lagos del jardín. Y digo reencontrándose, pues los dioses siempre se han conocido y nunca se han olvidado de veras. Contentos de verse, compartieron sus heridas.

–Se me ha olvidado mi cuerpo… -dijo una diosa madura venida de lejanas tierras más cálidas.

–Ya no sé qué cazar, ahora que los unicornios son hermanos de nuestro pueblo… -dijo un dios salvaje, que apareció en el jardín con las manos atadas a la espalda.

–He construido un perfecto castillo de hielo, y temo que alguien entre y quiebre la absoluta belleza de mi creación… -dijo una diosa alta y orgullosa.

–Soy el continente de toda la voluptuosidad, calor y amor de la especie humana, y no recuerdo en qué lugar de mi cuerpo infinito puse el cerrojo que los libera…  –  dijo una diosa grande y morena.

–Llevo tanto tiempo corriendo que he olvidado parar… -dijo un dios rubio que venía del lejano Valhalla en un programa de intercambio, y cerca asintió una diosa fecunda, maternal y perfecta: – “Yo sé que hay algo más”-susurró.

Una diosa arbórea surgió de un matorral cercano, cubierta de hojas secas. -No entiendo por qué la gente no es tan fácil de entender como la energía y el universo… -dijo.

Una diosa morena, excepcionalmente bella, que olía fuertemente a flores y tierra húmeda, se lamentó: -sé lo que quiero, pero no sé si es lo mismo que quiere Dios.

La diosa de la fortaleza física y mental quería la misma fuerza para sus visiones, y una última diosa, desnuda, preguntaba a todos por si alguien sabía que clase de diosa era ella.

La maestra pidió silencio y les guió mientras extraían de su mente más joven las líneas temporales, las pulían, abrillantaban, coloreaban y libraban de inmundicias, para luego hacerlas volar hasta el fondo de un barranco, donde antiguas novias, trabajos, madres, enfermedades y muerte se dieron cita intentando entender el por qué de un despido tan brusco.

Después les desveló el idioma antiguo de sus propias voces y aprendieron que se vendían al hablar, y se avergonzaron de haberse desnudado tanto en cada una de sus palabras.

La maestra forzó entonces cada una de sus limitaciones y los fuertes hubieron de ponerse de rodillas, los fríos hubieron de calentarse con la piel de otros, los alegres hubieron de llorar y los callados fueron obligados a gritar al viento.

Tras ello, aprendieron el viejo lenguaje de los cuentos, y entendieron que los ancianos creaban el mundo alrededor del fuego, como lo harían ellos mismos a partir de entonces.

La maestra les mostró entonces que ninguna de sus ropas eran realmente suyas, e hizo aparecer en el aire a los ancestros de quienes las habían tomado prestadas. Quien aquel día no acabó desnudo, perdió los últimos jirones río abajo, mientras tropezaba en los cantos rodados y se sumergía en agua fría del desafío personal.

Fueron obligados a ser uno juntos, entendiendo que no hay nada superior al todo que formaban en común, y luego forzados al trabajo individual, a la búsqueda profunda y agreste en los abismos del ser.

Cuando superaron tamaña prueba, la maestra les vistió de blanco y les llevó de la mano a conocer al Creador, para luego, riendo entre dientes, despojarles de nuevo de todo ropaje y lanzarles a las grutas del sudor, el deseo y los placeres de la carne.

Agotados, libres de apegos y limitaciones, cada uno de ellos eligió el regalo más grande que podían imaginar. Unos Paz, otros Amor, Unidad o Ser, y lo entretejieron en su esencia para poder llevar a cabo aquel plan superior que ya habían recordado.

Perfectos, frescos, renovados, la maestra les vio partir convertidos de nuevo en los guías de los hombres, preñados de poder. Juntó las manos bajo los senos y entrecerró los ojos con media sonrisa. -Lo que a mi no me toque ver…- susurró, añadiendo -todavía os pasa poco- y se retiró al jardín, satisfecha, a esperar la nueva remesa de criaturas divinas con mala memoria.

 

Sara Sánchez Gancedo – Tenerife.

Máster PNL por el IINLP – Promoción 2010.

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