Reprogramar la Mente

 “Gobierna tu mente o tu mente te gobernará a ti.”

Horacio

  realidad_virtual

Nada más fácil. Y necesario, urgentemente necesario. Porque, crisis aparte, nuestro país es el mejor ejemplo de una forma de pensar que no es útil, que dejó de funcionar hace tiempo, en el siglo pasado, pero que nadie ha cambiado, ni se ha cuestionado, por lo que, ya en pleno siglo XXI, la gente sigue utilizando la programación que recibió hace décadas y que, sin ningún tipo de filtro ni conciencia, ha ido transmitiendo de degeneración en degeneración.

Sin embargo, como he dicho, es muy fácil. Tan fácil, que es sorprendente. Quizás te preguntarás: ¿Por qué? Y si es tan fácil, ¿por qué la gente no se reprograma, o decide cambiar? ¿Y por qué no se revisan las programaciones cada 10 años, por ejemplo, para ponerlas al día, como se hace con la informática, los electrodomésticos, los coches, etc.?

 Voy a responder a cada pregunta de la forma más clara posible:

1)       Porque ni el cerebro ni la mente nos conocen. Sólo obedecen las instrucciones programadas.

2)       Porque el problema de base estriba en que la gente llama “YO” a su mente o “disco duro”, que es solamente el archivo de la programación e información recibida, desde el día que nació hasta hoy. (Proceso de “educastración” generalizado).

3)       Porque al usar la palabra “YO” (sentido de ientidad) para etiquetar la mente, es decir, a una forma determinada de pensar-actuar acorde con la programación recibida, el “ego” de la persona (resultado de todo ello) se niega de plano al cambio, con la consabida excusa de “yo soy así y no puedo cambiar”, “la culpa es de…”; “ a mí me educaron así y no voy a cambiar ahora…”

 Y, en resumen, porque todo lo que entró en nuestro cerebro, es decir, aprendimos, se puede desaprender y ser sustituido por nueva información: al cerebro y a la mente la va a dar exactamente igual una información que otra. En ningún momento saldrá ninguna neurona protestando o voz celestial diciendo ¡”eh, que eso no lo sabía, no me lo habían enseñado ni me lo habían dicho, así que no lo puedo aprender porque eso no soy yo, no es mío”!  Te lo garantizo: nunca pasa.

 Vayamos al origen de la programación:

 

 Programadores no profesionales.

 ¿Sabías que el 83% de la humanidad está programado para el fracaso? Es decir, la educastración recibida a través de los cinco sentidos desde que naciste hasta hoy, está organizada de modo que en tu mente se han grabado todos los esquemas mentales necesarios y óptimos para generar los comportamientos tendentes a llevarte al fracaso más rotundo. Veamos los datos:

 Este es el resultado de los estudios:

 “Científicos del fenómeno humano afirman que, en un tanto así como el 83% de la población mundial, las estructuras mentales que poseen, son de fracaso. Esto significa que el 83% de la gente que consideramos “normal”, obedecen a estructuras mentales de fracaso. El resultado de las estructuras mentales de fracaso son personas indecisas, infelices, insatisfechas, inseguras y condenadas a ser simples “unidades productivas del sistema”.

No nos extrañemos pues del déficit de la Seguridad Social, y el superávit de las grandes farmacéuticas mundiales.

Y ¿qué ocurre cuando alguien decide cambiar, bien porque ya está aburrido de sí mismo, porque está evolucionando, porque la vida le pone a prueba y o cambia o cambia, y entonces ¿qué ocurre? Pues que los programadores oficiales, es decir, familia, entorno, amigos, empiezan a atacarle diciendo que “si cambias es que no tienes personalidad”, “tú ya no eres como antes”, “te has metido en una secta” (roguemos porque eso no ocurra…), y en fin, lo que le están diciendo de verdad es:

 –         Estamos incómodos ahora contigo porque no sabemos cómo tratarte, con lo cómodos que estábamos antes.

–          Ya no respondes a nuestros chantajes emocionales, con lo divertido que era verte saltar.

–          Eres diferente a nosotros y eso no nos gusta, porque te vemos superior, ya que nosotros no hemos sido capaces de crecer y actualizarnos.

–          Nuestra programación ya no te gusta, y nosotros no tenemos otra. (…)

 Los distintos programadores han tratado con todos los métodos a su alcance que tú no destaques, que seas como ellos, porque si no no se sienten bien consigo mismos, porque ser diferente es malo, porque no se debe llamar la atención, porque hay que poner a los demás por delante de ti (no se sabe la razón, pero ahí van…), porque si no lo haces es que eres un egoísta (y los que te lo dicen no sabemos qué son…) y además, resulta que no es bueno que el hombre esté solo y necesitas a un/una alguien más para ser feliz y que todo eso es ser “normal”. Yo le llamo a todo este montaje de otras mil maneras, pero tú puedes llamarlo como prefieras.

Y eso, ¿por qué es así? Muy simple: Porque todos hemos sido programados por seres no profesionales, es decir, padres, maestros, familia, entorno y el cura de la parroquia, o la TV que ha venido a ocupar negativamente el lugar de los antiguos mentores, tutores, institutrices y maestros. Valga decir, ninguno de ellos tenía ni tiene la más mínima idea de cómo se programa un cerebro humano, así que, con mejor voluntad que conocimientos, todo el mundo ha hecho lo que ha podido y las sucesivas generaciones hemos copiado lo que hemos visto a nuestro alrededor, que es como aprendemos los cachorros mamíferos superiores: por copia e imitación de lo que vemos, no de lo que oímos o nos dicen, a no ser que esto último sea a base de repetición, premios y/o castigos.

Y por eso estamos como estamos, cuando podríamos estar muchísimo mejor, si tan sólo nos hiciésemos una pregunta, muy simple, a nosotros mismos: ¿qué me puedo estar perdiendo si sólo tengo esta programación? Es decir, nos han programado sin darnos un backup de seguridad, o sea, un “plan B”, ni tampoco se nos ha dado manual de instrucciones, por lo que, llegada la etapa adulta, salimos adelante porque Dios nos protege, sin recursos conscientes para hacer frente a las sucesivas pruebas que la vida nos va a ir poniendo delante para nuestro crecimiento y evolución como seres humanos. Y, aún así, la mayoría decide no cambiar, porque el ego nunca da su brazo a torcer, porque nunca aceptará que lo está haciendo mal porque no sabe cómo vivir, porque sólo le programaron para obedecer y trabajar, porque la misión del ego es convertirse en tu peor enemigo ya que siempre quiere tener razón y, sobre todo, porque se niega a conocer otra cosa, ya que el dominio del ego es el miedo.

 

La buena noticia.

Pero no te preocupes: la buena noticia es que todo ello, igual que entró en tu cerebro, puede salir. Igual que el cerebro aprende, puede desaprender. La plasticidad del cerebro se encarga de ello. Al fin y al cabo, recuerda que tu cerebro no te conoce y tu mente o “disco duro” no es más que el software o archivo de toda la información que te ha sido perpetrada, es decir, programada, sin tu consentimiento ni conciencia, desde el día en que decidiste asumir la aventura de venir a vivir a este planeta de tres dimensiones. ¿No es maravilloso darse cuenta? Porque nunca es tarde para reprogramarse. Y porque nos va en ello, muchas veces, la propia vida.

Yo siempre me he preguntado: “¿cómo es posible que, con un mismo cerebro, haya personas excelentes, que alcanzan grandes éxitos y son felices, mientras que la mayoría son todo lo contrario?” ¡Esa es la pregunta del millón! Y ahora te voy a proponer distintas respuestas para que elijas la que más te convenga:

1) Es que esas personas tienen dos cerebros, y así cualquiera…

2) Es que esas personas tienen mucha suerte…

3) Es que esas personas han sido bendecidas…

4) Es que esas personas son ricas…

5) Es que esas personas son unas elegidas…

6) Es que esas personas pueden, pero yo no…

7) Es que esas personas tienen mucha ayuda de otros…

¿Tienes suficientes “es ques”? Porque ninguna de esas frases es verdadera. Solo son las excusas que nos decimos a nosotros mismos para no salir de lo conocido, de lo manido, de nuestra zona de confort. Bien, pues puedes quedarte en tu zona conocida o decidir salir de ella a investigar todo lo que te puedes estar perdiendo en esta vida por decidir alimentar a tu ego en lugar de a tu auténtico SER.

¿Estás ahora suficientemente preparado, motivado y dispuesto para reprogramarte? (Nota: quien quiera ponerlo en femenino, que lo haga). Pues vamos a ello.

 

“Yo soy quien yo quiera ser en cada momento”

 Esta es una de mis frases preferidas, que aparece en mi libro “Retorno al Paraíso. El Despertar” y que llevo manifestado hace muchos años. Para mí, ese pensamiento espontáneo siempre me ha surgido de forma lógica. ¿Cómo es posible no serlo, si depende de lo que yo decida ser, hacer, pensar, decir, no decir…? O sea, eso es el resultado de lo más importante que los programadores han omitido en nuestra programación: el Libre Albedrío, nuestra capacidad, don, derecho y deber de elegir. Tu voluntad. Tu espíritu, donde radica tu esencia, tu perfección, tu grandeza innata, tu divinidad: tu vida.

¿Cómo te suena? ¿Es nuevo para ti? O por el contrario, siempre lo has pensado así… Bien, sea como sea, ten presente esta premisa para el resto de tu vida: ni tú ni nadie nace programado. Cuando naciste, seguro que el doctor no le dijo a tu madre: “señora, ha tenido usted un infeliz, o una depresiva, o un cobarde, o una tímida,…” si no simple y maravillosamente: un niño o una niña. Nada más y nada menos. Sin programar. Sin estrenar. Sin contaminar. Limpito de virus, con una mente en blanco y un cerebro-esponja para absorber hasta el más mínimo detalle de este planeta en el que acababas de reencarnarte. A partir de ahí, cualquier cosa pudo suceder. El resultado es tu programación, pero eso no eres tú: es tuyo, y como es tuyo lo puedes cambiar, igual que puedes cambiar el disco duro y la memoria de tu ordenador. Según te dicte tu espíritu, tu alma y tu conciencia a partir de ahora.

 Todos nacemos preparados para vivir, para ser programados porque nuestros cinco sentidos se van a encargar de captar absolutamente toda la información del mundo, etiquetarla, archivarla y almacenarla para siempre. Tanto lo bueno como lo malo. Tanto los buenos programas como los virus mentales. Y todo por el mismo precio. Porque el cerebro no distingue la fantasía de la realidad. Ni el tiempo, ni el espacio, ni la identidad, ni el género. Sólo capta y archiva información del entorno. Y esta información se va etiquetando de acuerdo a la programación que vamos recibiendo simultáneamente:

 –         No toques eso que es peligroso. Eso = peligro.

–          Si no me obedeces no te querré.  Querer = obedecer.

–          Qué pensarán los demás.  Lo que piensen los demás = más importante de lo que piense yo.

–          Pon a los demás por delante de ti.  Los demás son más importantes = están antes que yo.

–          La felicidad no existe.  Felicidad = imposible.

–          Esto es un valle de lágrimas.  Esto = sufrimiento.

Y así hasta hoy, de modo que si no se cambia la programación conscientemente, la persona crecerá, vivirá, repetirá y se morirá con esa programación, porque ¡se la creyó! Sólo por eso, porque, para bien o para mal, se la creyó. Y lo que crees, lo creas.

Pero como, repito, al cerebro y a la mente les da lo mismo creerse una cosa que otra, como vengo enseñando desde hace décadas, en muy poco tiempo, podemos decirle a nuestros archivos: “mira, donde digo digo, digo Diego”, así que a partir de ahora, el peligro no existe, la felicidad soy yo mismo, querer no tiene nada que ver con obedecer, los demás son los demás y yo soy yo, aquí no hemos venido a sufrir, sino a aprender, esto es un paraíso y la vida un privilegio… y ¡todo por el mismo precio!

Porque es cierto: el precio es el mismo; el resultado, no.

 

Tienes un cerebro perfecto, con una mente infinita, sin límites, puesto que es intangible, y un espíritu perfecto, en un cuerpo perfectamente preparado para vivir, dentro de un campo cuántico de infinitas posibilidades entre las que puedes elegir en cada momento cuál quieres ser, usar, experimentar. Puedes tener tantos “yoes” como desees crearte, uno para cada contexto, para cada ocasión y ciclo de tu vida, para disfrutar al máximo de tu potencial innato, y te aseguro que la sensación de plenitud es tan gloriosa, que es una pena que la mayoría de la gente se la esté perdiendo.

Y sólo porque han confundido muchos conceptos: han confundido “ser” con “hacer” y una persona tiene comportamientos, pero no es sus comportamientos. Es mucho más que eso. Es la posibilidad eterna, es la máxima expresión de inteligencia en el planeta, es la manifestación del milagro de la vida. Es la vida misma.

Han confundido “querer” con “poseer”; “amar” con “necesitar”; “ser bueno” con “ser débil” y en el paroxismo de la ignorancia, hasta han llegado a confundir “identidad” con “nacionalidad”, que es lo peor que puede hacerse un ser humano a sí mismo: no saber quién es en realidad y buscar fuera etiquetas externas, variables, en lugar de buscar dentro de sí mismo.

 

“Si buscas fuera, hallarás opiniones.

Si buscas dentro, hallarás respuestas.”

Inma Capó

 

Así que, cuando quieras convertirte en quien en realidad eres y/o quieres ser, reprogramarte para el éxito, hacerte a ti mismo en un programa completo de autorrealización consciente, que después podrás transmitir a los demás y dejar un mejor legado a la siguiente generación, yo puedo ayudarte. Porque, ¡es tan fácil! Y ¡tan bonito!

Reprográmate a ti mismo porque cuando eras un niño no podías, pero ahora sí puedes y esa es tu responsabilidad, no de los demás. Reprográmate para ser quien siempre has soñado ser, para cumplir tus metas en la vida, para descubrirte y descubrir, para aprender, para ser y disfrutar de ti mismo, para hacer de tu vida una obra de arte, porque debe ser muy, muy triste, morirse pensando que tus miedos programados fueron más poderosos que aquellos sueños que nunca te atreviste a programarte tú mismo.

Recuerda: “Gobierna tu mente o tu mente te gobernará a ti”.  Porque o estás creciendo o estás muriendo.

Inma Capó

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