Certificaciones Internacionales

diploma

“Dios perdona. La ignorancia no.”

“Yo tengo una certificación internacional, porque mi diploma está firmado por Bandler” ,(o Grinder, o alguno de sus reverentes acólitos, no recuerdo, qué más da…), me decía una conocida ’certificada’, mientras fumaba con tesón digno de mérito y en la que pude calibrar inequívocos síntomas de inseguridad y nerviosismo crónicos.

¿Y para qué te ha servido?, le pregunté con mi habitual ironía. ¿Qué piensas hacer con ese certificado internacional? ¿Lo vas a enmarcar, se lo vas a dejar a tus hijos en herencia, te sirve para entrar en la Universidad, para conseguir un mejor puesto de trabajo, o un aumento de sueldo, o el hombre de tu vida o para cambiar el mundo? Su respuesta se redujo a una momentánea parálisis cerebral que pude seguir fácilmente a través de sus no-accesos oculares, lapsus que aproveché, cómo no, para seguir indagando, pues mi curiosidad iba en aumento.

Bien, me gustaría saber específicamente cómo y en qué aspectos ha cambiado tu vida y la de tu entorno desde que eres una certificada internacional -continué- pues por lo que observo y me comentas, no sé si es que el curso fue solamente teórico, o es que el certificador estaba de huelga, o es que tú no te enteraste de nada… “Bueno, no estuvo mal, había mucha gente y el entrenador era muy simpático y carismático y lo pasamos muy bien, aunque sigo sin saber qué es una nominalización…porque me dijeron que eso del metamodelo no era importante y no lo estudiamos casi; hice nuevos amigos y eso siempre viene bien y si de paso se aprende algo, pues eso que me llevo…, ahora que, con lo caro que es…, pero bueno,  yo ya tengo mi certificado internacional”.

Pues mujer, igual un día algún coleccionista de cosas inútiles organiza una subasta y entonces sí que puede que te sirva para algo, hasta podrías recuperar el dinero y todo… -apostillé.

 

¿De qué va todo esto?

 

Algo es algo, efectivamente, sobre todo con lo que cuestan esas certificaciones internacionales. Todo sirve para alguna cosa, y en este caso, aunque sea sólo para el currículo personal, no está mal. Además, estos certificados internacionales suelen ser de bonitos colores y, si son americanos, suelen llevar una especie de marchamo dorado muy vistoso.

“Certificación internacional” significa que el ponente es de un país extranjero y que sus diplomas tienen por ello cierto valor añadido… (¿?) Bien, pues que así sea. Ya sabemos que nadie es profeta en su tierra y que, con nuestro atávico complejo de inferioridad a cuestas, todo lo que viene del extranjero nos parece mejor. También significa que pueden asistir alumnos de distintas nacionalidades. No está mal tampoco. Siempre puede servir para practicar idiomas. Y no, no significa que te sirva para acreditarte y moverte por todo el mundo, como si fuese un pasaporte. No, ya no significa nada más, como es sabido e iremos viendo.

El caso es que yo tengo una buena colección de Diplomas, unos internacionales y otros no. Los oficiales, es decir, los que están reconocidos por alguna Universidad, o por participar en algún Congreso Internacional de índole oficial, esos sí me sirven cuando quiero asistir a un curso en una Universidad nacional o internacional, o he de presentarlos en algún estamento oficial. Los demás, todos los de PNL, entre otros muchos –y eso sea dicho con todo mi respeto a la misma– no me sirven para nada en esos casos. Nada en absoluto.

Estén firmados o certificados por quien quiera que sea el firmante o el certificante.

¡Válgame el cielo! ¿Por qué? ¿Cómo es posible, con lo que me costaron? Pues porque, señores míos, NADIE conoce ni ha oído hablar de los susodichos firmantes y sus respectivas Sociedades, sean nacionales o internacionales, a no ser que se trate de personas que, casualmente, hayan leído algún libro de PNL y recuerden algún nombre, o formen parte del ínfimo porcentaje de iniciados “PNLeros” en cualquier país.

Esas firmas no tienen ningún reconocimiento oficial en ninguna parte. Sólo acreditan que has asistido a un seminario dictado por tal persona, en el mejor de los casos, o que has pagado a algún representante suyo a cambio de lo cual te consigue un diploma con tal firma estampada en el mismo. Sentimentalmente puede que ello nos aporte cierta satisfacción. Quizás incluso algunos crean que les da cierto “estatus”, como si fuesen a llevar tatuado en la frente el logo de su certificado internacional, al igual que los adolescentes necesitan identificarse con grupos y alardear de marcas tipo Lacoste, Adidas, Nike…, dado que todavía no tienen desarrollada su propia identidad. Legal u oficialmente, nada de nada. Lo siento.

 

Con los pies en el suelo.

 

Porque, desgraciadamente, la PNL, como el Coaching y otras muchas disciplinas, no está reconocida oficialmente todavía en ningún sector y aunque con el tiempo se ha ido expandiendo por el mundo vía vox populi, para bien o para mal, -que de todo hay en la viña del Señor-, esas certificaciones internacionales no sirven absolutamente para nada. No aportan ningún valor añadido. El único valor es lo que valen, es decir, lo que cuestan.

No todo el mundo distingue entre coste y valor. Coste es el precio que hay que pagar para asistir al curso, como es de rigor, según la propia valoración del formador, calidad, fama, prestigio, caché, etc. Valor es lo que se recibe a cambio y lo que cada cual haga después con ello. El valor puede ser pues incalculable, mediocre o nulo. Depende del formador y depende del alumno. En ese dúo, el formador tiene la responsabilidad de enseñar y el alumno tiene la responsabilidad de aprender. El resultado dependerá pues de la calidad del primero y de la disposición del segundo.

Imaginemos que acudimos a una entrevista de trabajo y presentamos nuestro brillante certificado internacional, diciendo: “mire usted, es que yo tengo más mérito que los demás porque poseo este certificado internacional firmado por este señor…”; bien, pues a no ser que el entrevistador en cuestión también sea un “PNLero”, nos puede responder algo que no case con nuestras expectativas y quizás nos juguemos el resultado de la entrevista. Y si no conoce nada de PNL y hay que explicarle de qué se trata, procuremos hacerlo de modo que no acabe preguntándonos –como ocurre muchas veces–  “¿eso no será una secta, oiga…?”

Si asistes a un curso donde se te exija ser Practitioner y/o Master, lo único que te van a pedir los organizadores es que indiques tu estatus “PNLero” en la hoja de inscripción y que accedas al nivel del curso bajo tu absoluta responsabilidad, porque lo único que de verdad les interesa es que te inscribas y pagues. Te aseguro que en ninguna parte del mundo te van a exigir, como condición sine qua non para admitirte en el curso, que tu diploma sea “internacional” y esté firmado por tal o cual persona: si lo hicieran, tendrían muy pocos, poquísimos clientes y no creo que eso interese a ninguna empresa. Sinceramente: si tú fueses la empresa organizadora, ¿lo harías? Pues ahí tienes la respuesta de porqué nadie lo hace, razón que apoya sobradamente lo que vengo diciendo. Entonces, ¿para qué nos sirve?

En algunos casos, según sea el nivel de formación, quizás te pidan que presentes tu currículo para cubrir el expediente. Si son cursos multitudinarios, te aseguro que no van a perder el tiempo indagando en el dossier de cada uno de los inscritos, por muy completo y bien presentado que exhibas el tuyo. Sobre todo porque, en realidad, ni les importa ni les incumbe. E incluso puede que algunas cosas de las que te prometan al principio, luego no se cumplan exactamente. Esa es al menos mi experiencia.

 

Todo son Empresas.

 

Al fin y al cabo, no hay que olvidar que se trata de empresas creadas para generar beneficios, no son ninguna ONG, y una empresa intenta bajo todos los medios acaparar su parte del pastel, es decir, su cuota de mercado potencial, ofreciendo alicientes, más allá del curso en sí mismo, que atraigan a los incautos, o a los que esta o aquella firma o certificación aporte una imagen profesional de la que carecen por sí mismos, precisando apoyarse en el crédito de nombres ajenos, ya que aún no tienen nombre propio, y buscando respaldos en los que apuntalar su incipiente negocio. Bien, no está mal en principio si eso les funciona.

A los que buscan realmente aprender, estudiar seriamente, conocerse a sí mismos, crecer y cambiar su vida para aportar algo más a su entorno y a la sociedad, les da igual que su certificado sea internacional, nacional, local o incluso inexistente.

Es lógico que en esta sociedad que entre todos hemos creado, debamos poder presentar nuestras credenciales como testimonio fáctico que corrobore lo que decimos. Solamente para eso sirven los diplomas y así debe ser. Pero eso es una cosa, y hacer de ello un objetivo o darle más importancia de la que tiene, es otra muy distinta. “Que sean tus hechos los que hablen por ti.”

Aceptaré que me corrijan si me equivoco, pero en mis incontables acercamientos a la sabiduría internacional, yo no he conocido a ningún sabio, gurú, Maestro, o Lama –incluyendo al Dalai Lama— que se dedique a emitir certificados y a firmar diplomas, y mucho menos a cobrar por ellos. Sin embargo, sus enseñanzas están cambiando al mundo. La PNL, seriamente estudiada y transmitida en profunidad, también. Para mí, eso es lo que cuenta.

 

Un poco de historia.

 

Incomprensiblemente, (“en casa del herrero, cuchillo de palo”) a lo largo de los años, han surgido ciertas guerras de poder –a nivel internacional, cómo no– sobre “a ver quién es el más guapo”, en las que parece que todos luchen contra todos, como si en lugar de vender algo tan mágico como la PNL se dedicasen a vender armamento, por lo que en algún momento, aunque sea de retrueque, nos hemos visto salpicados de alguna forma por las chispas que van saltando de acá para allá, alimentadas por los interesados en arrimar el ascua a su sardina.

Pues, hete aquí que, en ese “quítame allá esas chispas”, un buen día me encontré inesperadamente con una página web en Internet que rezaba así: “Who owns NLP?, que en gallego significa ¿Quién posee la PNL? Y desde ahí fui entrando en más y más páginas, en las cuales, para mi asombro, descubrí un pleito contra mi admirado Richard Bandler, esgrimido y ganado por mi no menos admirada Christina Hall, lo cual me confirmó personalmente otra de mis admiradas maestras, la Dra. Janet Konefal, (Univ. Medicina de Miami), cuando tuve el privilegio de traerla a España por vez primera.

“NLP is a field like psychology or business.

It is not a brand name or a company. It belongs to everyone”

John David Hoaghttp://www.nlpls.com

(“PNL es un campo como la psicología o los negocios.

No es el nombre de una marca o una compañía. Pertenece a todo el mundo.”)

Y, ¡oh sorpresa!, al seguir indagando directamente con Chris Hall, con quien también he tenido el placer de estudiar, ésta me responde por email lo que me permito transcribir y traducir a continuación para conocimiento de los interesados:

 

Quote:

Dear Inma, Querida Inma,

I have attached an official summary of the legal proceedings.  I agree… there has been much confusion in the field of NLP regarding “ownership” issues.  In fact, in my opinion, it has been Bandler himself who has perpetuated some of this confusion.  Hopefully, this summary will clarify any confusion related to these issues.
Incluyo un sumario oficial de los procedimientos legales.  Estoy de acuerdo… ha habido mucha confusión en el campo de la PNL relativa a asuntos de su “propiedad”. En efecto, en mi opinión, ha sido Bandler quién ha perpetuado alguna de esta confusión. Espero que este sumario aclarará cualquier confusión relativa a estos temas.

To clarify another matter:  when people participate in workshops other than certification trainings, they do not receive the right to use the Society Seal/NLP logo.  Only when they receive official Society of NLP certification, then they have the right to use the Seal.  The Seal that I give to those people is the original Seal of the Society of NLP.  I have been doing this since 1983.  I have seen a newer NLP logo that Bandler has been using, but this is not the official Seal of the Society.
Aclararé otro asunto: cuando la gente participa en seminarios distintos a los entrenamientos de certificación, no reciben el derecho de usar el logo de la NLP Society. Sólo cuando reciben la certificación oficial de la NLP Society  Yo lo he estado haciendo así desde 1983. Yo he visto un nuevo logo NLP que Bandler ha estado usando, pero ese no es el Sello oficial de la Society.

Also, studying NLP doesn’t make someone a member of the Society.  In fact, certification by the Society doesn’t make someone a member of the SocietyThere are no “authorized members” of the Society, only a small group of owners.  If anyone is saying that, then they are misleading the public and misrepresenting their relationship to the Society.
También, estudiar PNL no hace a alguien miembro de la Society.  De hecho, certificación por la Society no hace a alguien miembro de la Society. No existen “miembros autorizados” por la Society, tan solo un pequeño grupo de propietarios. Si alguien dice eso, entonces está engañando al público y tergiversando su relación con la Society.

If you have any other questions, please email.

Si tienes alguna otra pregunta, por favor envíame un email.

Best regards,  Mis mejores saludos,
Chris Hall

Unquote.-

 

Bien, ahí queda esta información para nuestro buen gobierno y para que muchos nos apeemos del burro de una vez por todas. Para más detalles, en Internet está todo el proceso y demás temas oficiales relativos a la NLP Society. (El sumario al que se refiere Chris –en inglés– lo pongo a disposición de los lectores y público interesado, para que no tengan que estar leyendo las 94.300 referencias que aparecen en Google sobre este tema…).

 

“No one owns NLP. It’s been turned loose in the world.

Those who certify in the name of NLP do so because they are recognized by a sufficient number of people to do so.

In a few countries around the world, there are people who own a trademark for NLP.

In those countries, those people have the legal right to do business under the banner of “NLP.”

But that certainly doesn’t stop or prohibit the model developed by Bandler and Grinder, Dilts and Gordon,

Leslie Bandler and Judith DeLozier and all of the other contributors from being taught throughout the world.”

L. Michael Hall, Ph.D. –  http://www.neurolinguistic-programming.com

(“Nadie posee la PNL. Es algo que se ha disuelto por el mundo.

Aquellos que certifican en nombre de la PNL lo hacen así porque han sido reconocidos

por un número suficiente de personas para hacerlo así.

En unos pocos países del mundo, hay algunas personas que poseen la marca registrada de PNL.

En esos países, esas personas tienen el derecho legal de hacer negocios bajo la insignia de la PNL.

Pero esto ciertamente no limita ni prohibe que el modelo desarrollado por Bandler y Grinder, Dilts y Gordon,

Leslie Bandler y Judith DeLozier y todo el resto de contribuyentes, pueda ser enseñado a través de todo el mundo.”)

Pero no es esto lo que me preocupa, ni lo más mínimo, ya que en una sociedad capitalista de libre comercio, cada cual puede crear tantas asociaciones y empresas como quiera (yo también estoy en ello), siempre que sean legalmente aprobadas y, desde esa forma jurídica, vender, promover, ofertar, enseñar, hacer o deshacer esto o aquello, según sus estatutos, objetivos, misión, propósito, normas internas, etc. Eso es lo normal. Ahí no radica el problema.

 

“Certifica bien y no mires a quién”

 

Lo que a mi me quita el sueño es pensar quién certifica a los certificadores. Por ejemplo, a veces he pensado “¿… y quién certifica a AENOR?” ¿Y en base a qué criterios?  ¿Quién decide lo que está bien o mal, lo que debe o no debe hacerse, lo que es más o menos útil a la sociedad? Y ¿cómo sabemos que eso es lo mejor o más adecuado? ¿Comparado con qué?

Porque la realidad es ésta: por muchas certificaciones internacionales que existan, no hay ninguna de las empresas o asociaciones internacionales certificantes, que ejerza algún tipo de control o regulación seria sobre la calidad profesional e integridad moral del personal certificador y mucho menos sobre lo que cada alumno haga a continuación, ya que se supone que ello recae únicamente sobre la responsabilidad de cada cual, una vez adquirida la formación.

Puede que ese certificado, con varios sellos, logos y firmas que tan sólo sus emisores conocen, garantice que el certificador en cuestión también ha pagado y recibido su propio curso para poder, a su vez, expedir sus propios diplomas y organizar sus propios cursos. Bien, ello forma parte de la lógica y de algunos acuerdos meramente comerciales entre empresas y sus afiliados, como ocurre en el caso de las franquicias, pero aquí no hay franquicias que valgan. Aquí se trata sólo de cursos, formación, enseñanzas. Por lo que todo lo anterior no nos asegura nada.

Y como dice un amigo mío, hay mucho estúpido titulado en la viña del Señor…

Todo este montaje puramente comercial no garantiza en lo absoluto la calidad humana y nivel cultural e intelectual de esa persona que se subroga el derecho a proclamar que es “único, exclusivo, autorizado”, y un largo etcétera, porque ello no nos habla en lo absoluto sobre su idiosincrasia, su congruencia, su preparación académica, su cultura y experiencia, su integridad y honestidad, sus valores, su misión, su visión ni su grado de evolución y espiritualidad. Al contrario, parecería como si, tras esa amalgama de pseudo-titulaciones y arbitrarias autorizaciones de otros tantos entes lejanos -cuando no desconocidos-, el ‘certificador’ intentase esconder o camuflar una total falta de seguridad en sí mismo y en su trabajo, dado que necesita tanto respaldo, tanta parafernalia y tanta justificación, amén de una imperiosa e infantil necesidad de pertenecer a algún grupo, lo cual no habla precisamente muy bien en su favor.

Por otra parte, sería imposible controlar nada, no ya siquiera con formadores y alumnos de distintos países, sino ni tan siquiera dentro de un mismo país, ya que contamos con la plena libertad de elección de trabajo y profesión. Y para ello cada cual invierte, estudia, se forma y se prepara en estas o aquellas disciplinas, con estos o aquellos profesores, según su tendencia y mejor criterio. Después, con todo su bagaje de conocimientos adquiridos a lo largo de su vida, y bajo su total responsabilidad individual, prepara su propio programa, monta su propio negocio o ejerce su profesión lo mejor que sabe, y ahí se acaba la historia. Por ello, han de ser los resultados los que hablen por sí mismos, no los papeles.

La PNL, entre otras muchas ciencias o disciplinas que han surgido y proliferado en las últimas décadas, se sitúa dentro del epígrafe de “enseñanzas no regladas”, es decir, libres. Intentar ejercer algún tipo de control o seguimiento sobre qué está haciendo en cualquier parte del mundo cada alumno tras haber estudiado PNL, sea con quien sea, es tan irreal como inútil e iría incluso contra la propia esencia de la PNL, al menos como yo la entiendo: estimular, potenciar y respetar la libertad del individuo.

 

¿Para qué sirven estas certificaciones?

 

Entonces, tras tomar conciencia de cuanto antecede, pensemos: ¿cuál es el valor añadido de obtener una certificación internacional? ¿Qué ventajas aporta al alumno, a su vida y a su espíritu, que es de lo que se trata? Yo no he encontrado ninguna, y eso que llevo tiempo buscándolas con sincero afán.

Lo que he adquirido en esos cursos –casi todos útiles e interesantes– ha sido la información, experiencia y energía de los formadores, sean entrenadores o Maestros, no importa, porque siempre se aprende algo de todo el mundo; he tenido el privilegio de conocer directamente a figuras relevantes de este mundillo nuestro, lo cual me ha permitido aprehender su carisma y presencia, y he podido compartir gratos y entrañables momentos que, a fin de cuentas, es lo que queda, ya que de los contenidos, como bien sabemos, sólo somos capaces de captar un 7% en el mejor de los casos.

Pero todas mis certificaciones internacionales no me han servido para poder denunciar o llamar la atención a personajillos que anuncian de forma lamentable cursos de “reiki y tarot con PNL”, por ejemplo, (todo sea dicho con mi mayor respeto hacia esas dos disciplinas), o algo tan increíble como “terapia con cuarzos y PNL” , ni a otros muchos que han publicitado por las calles panfletos de tan mal gusto y con tales faltas de ortografía, que tan solo me generaban vergüenza ajena; o tener que inventarme cualquier excusa o dudosa explicación cuando algunas personas me comentaban que habían estudiado PNL acá o acullá y que no les había servido para nada, o que era un tomadura de pelo… en fin, lo normal en toda actividad humana, sobre todo en los inicios, hasta que el tiempo, como siempre, va poniendo a cada cual en su sitio y la gente empieza a tener un poco más de información y cierto criterio para poder comparar y elegir, según sus deseos y expectativas.

Llegar a soñar siquiera con que nuestros “certificadores internacionales” y/o Asociaciones adláteres se dediquen a investigar, buscar y llamar al orden a todos los que hacen un uso indebido o inapropiado de la PNL en cualquier lugar del planeta, despojándola de la imagen, la categoría y el prestigio que merece, –si lo hicieran, todos saldríamos beneficiados– es una utopía irrealizable. No sólo por la imposibilidad de la tarea en sí, sino porque no les interesa lo más mínimo, ya que ello sólo les acarrearía una gran pérdida de tiempo, gastos y problemas innecesarios, sin ningún beneficio mensurable. Hay tanta gente ya por el mundo utilizando libremente la PNL –lo mencionen o no en sus programas– que intentar controlar esa enorme mancha de aceite que se ha extendido universalmente, sería una prueba de estupidez impropia de una mente pensante, es decir, “PNLera”. Sería como intentar poner puertas al mar.

Conozco casos en que alumnos míos se han inscrito a ciertos seminarios donde se anunciaba “PNL y-cualquier-otra-cosa”, en los que han sido ellos los que han tenido que ayudar y enseñar al ponente, quien quizás era un buen autodidacta, pero en muchos casos no había asistido a ningún curso de PNL o no tenía la experiencia ni preparación necesarias como para trabajar con personas. Sólo había leído algún libro sobre la materia y con más arrojo que vergüenza, se lanzan al ruedo dando por supuesto que siempre van a saber más que sus alumnos, hasta que les sale la criada respondona…

Y he tenido el disgusto de ver “materiales de estudio” de algunos “cursos” de PNL, tan impresentables, mal escritos y bochornosos que eran dignos tan sólo de archivarse directamente en la papelera. Y puedo dar fe de ello en más casos de los que sería de desear.

No dudo que todo el mundo actúe con buena intención, pero como dice el refrán, “el camino hacia el desastre está empedrado de buenas intenciones.”

 

Preguntas inteligentes.

 

Así pues, ante la decisión de inscribirse a una de tantas “certificaciones internacionales”, deberíamos preguntarnos previamente: ¿Quién controla la congruencia personal y la honestidad profesional de los entrenadores? ¿Quién selecciona o distingue a los entrenadores de los Maestros? ¿Quién me asegura que la formación que voy a recibir es la que realmente estoy buscando? ¿Cuál es la relación calidad-precio a la vista de los distintos ponentes internacionales que puedo elegir? ¿Quiénes son estas personas, cómo piensan, cómo viven, cómo son, cual es su misión y propósito detrás de lo que me van a enseñar? ¿Cuál es el enfoque de sus enseñanzas y en qué dirección me van a influir? ¿Cuál es su nivel de estudios, currículo, formación académica, experiencia profesional…? ¿Qué diferencia existe entre esta certificación internacional y cualquier otra? ¿Para qué me va a servir en mi vida tal certificación? ¿Qué ocurriría si no la tuviera? ¿Qué ocurriría si obtuviera cualquier otro tipo de diploma? ¿Es cierto que tal persona es quién va a impartir toda la formación, o tan sólo unas horas y el resto lo harán sus “teloneros”? ¿Cuál es el programa y contenidos concretos que va a impartir esa persona, de modo que pueda comparar con otros programas? ¿Qué es realmente lo más importante para mí a la hora de tomar la decisión de invertir en mí mismo?

Recuerda: si te haces preguntas inteligentes, obtendrás respuestas inteligentes. Sigamos pues:

¿Hay algún certificador internacional por ahí, que se haya atrevido a decirle a un alumno “lo siento, usted no está capacitado para dedicarse a esto”,  o “usted tiene primero que controlar su ego y evolucionar en sus niveles lógicos antes de que yo le dé un certificado de que usted está preparado para representar a la PNL dignamente”, o incluso “lo siento, pero si usted no accede a cambiar ese comportamiento no puedo certificarle, porque usted no será un ejemplo congruente de lo que la PNL significa”, o bien “mire usted, le falta mucha preparación para acceder a nuestra certificación: usted no sabe expresarse, escribe con faltas de ortografía inadmisibles, no entiende los conceptos y por tanto los tergiversa, lo cual es inaceptable para ser un profesional de PNL”, o algo tan real como esto: “lo sentimos mucho, pero usted acaba de aparcar el arado y ahora, sin haberse preparado nunca, quiere aprender PNL sólo para ganar dinero; no certificamos a personas en sus condiciones, porque aunque sepan leer y escribir, es imprescindible que hayan aprendido también a pensar”, o quizás algo así:  “a usted le hemos pillado en una gran mentira, ha hablado mal acerca de tal persona, lo que ha dicho es falso y por lo tanto le retiramos nuestra “autorización”, así que devuélvanos nuestra certificación internacional”…?

No, por supuesto que no, nadie lo hace porque eso no vende y no interesa. Eso sería idealizar a nuestros certificadores y, por parte de ellos, sería ir más allá de las limitadas atribuciones que les otorga el simple hecho de impartir un curso, que es de lo que se trata única y exclusivamente. No se consideraría “políticamente correcto.”

“Si otros pueden, tú puedes”, reza una de las presuposiciones de la PNL. Sí, como premisa es ciertamente poderosa. Pero “poder” no es sinónimo de “saber”. Lanzarse al ruedo todos pueden: no hay más que saltar la barrera, pero luego muy pocos son los que saben torear. Por ello, en nuestra “Fiesta Internacional PNLera”, pululan por doquier una ingente cantidad de meros aficionados y aún mayor de osados “maletillas”, pero en realidad poquísimos Maestros. Una escasa minoría.

 

Money, Money, Money…

 

Como siempre, –porque da lo mismo que sea una Society que otra–, bien se trate del corporativismo médico, o del terapéutico, o del gremio de panaderos: en cuanto hay intereses crematísticos de por medio, la mezquindad del ser humano siempre encuentra una rendija por la que hacer su aparición, con el ego por bandera. Y parece ser que ello es un valor en alza, porque es el que más está prevaleciendo en este entramado que se ha creado alrededor de una joya a la que muchos parecen estar empeñados en quitarle su intrínseco brillo.

En resumen, todo es cuestión de dinero, para variar. He aquí un ejemplo muy real y que me ocurrió a mí en una certificación internacional: te aseguran un tipo de certificado, preparas con gran ilusión el currículo y dossier que te han pedido, pagas el dinero que te piden, te certifican pero, ¡oh, sorpresa!, sólo por un tiempo, según pude descubrir después, ya que ese certificado resultó tener fecha de caducidad, como los yogures. Aunque el curso me costó un capitalito, -porque para eso era una certificación internacional-, luego descubrí que había que seguir pagando una especie de cuota si querías seguir sintiéndote “certificado”, es decir, como si te estuvieran enseñando continuamente, aunque la realidad es que, como no se trata de ninguna franquicia, el precio que has pagado no incluye mantenimiento, ni reciclaje, ni actualización de material, ni asesoramiento, ni consultas, ni ayuda, ni apoyo posterior siquiera virtual, y a que a no ser que te apuntes a otro de sus costosos cursos, no volverás a ver en tu vida a tu famoso certificador, si no es en fotografía. O sea, es como si diesen por hecho que al cabo del tiempo de certificación, todo se te habrá olvidado y tendrás que volver a pagar para que te renueven el certificado, con lo cual inmediatamente recuperarás la memoria.

Ahora bien, eso sí: si pagabas la susodicha cuota, tenías el grandioso e inmerecido privilegio de aparecer en una lista dentro de una página web (en inglés) que ni siquiera recuerdo y que, según he podido comprobar, casi nadie conoce.

Aunque todo eso tiene su lógica: cada empresa marca libremente, con todo su derecho, su modus operandi, sus propios esquemas de funcionamiento según le parezca oportuno y las empresas tienen que subsistir porque, al fin y al cabo, con mejor o peor éxito, no dejan de ser el modus vivendi de muchas personas. Y eso es lo que hay. Otra cosa es que nos guste o tengamos que aceptarlo.

Sólo tenemos pues un posible “control”: informarse bien, elegir y decidir. El riesgo tampoco es tan importante, ya que aunque puede que perdamos el tiempo y el dinero, seguro que siempre aprenderemos algo que nos aporte experiencia. ¡Así es la vida!

 

El mundo en tus manos.

 

Sin embargo, yo recuerdo todavía, en los albores de la PNL en España, hace unos 20 años, cuando, en mi constante búsqueda personal, descubrí la profundidad de lo que me estaban enseñando, oculta bajo la superficialidad de las enseñanzas; cómo comprendí con emoción que el Universo me estaba mostrando una herramienta tan poderosa para cambiar la sociedad que no podía dar crédito a lo que mi intuitiva mente me iba señalando. ¡Eureka! Pedid y se os dará: alguien había estado creando lo que siempre había estado pidiendo: algo concreto, directo, claro y contundente, práctico y no teórico, revolucionario, efectivo y rápido, algo como una varita mágica con la que poder ayudar a despertar de su catalepsia crónica a la gente de hoy, algo que dejaba en mantillas todo lo que había estudiado hasta entonces en mi continua búsqueda de soluciones y respuestas eficaces, paradigmáticas e incuestionables. ¡Valía la pena invertir, estudiar y empezar a investigar, ya que lo que se me enseñó era tan sólo una minúscula  punta del iceberg!

¡Sí, alguien había estado preparando la caja de herramientas que yo andaba buscando! Me la habían estado haciendo a medida. Si en vez de PNL le hubieran puesto mi nombre, no lo habrían acertado más. Eso era precisamente, nada más y nada menos, señoras y señores: cómo funciona nuestro cerebro y nuestra mente, cómo reprogramarnos para eliminar los lastres de nuestra educastración, cómo poder intervenir en nuestros procesos neurológicos, cómo desmantelar o despistar al enemigo, es decir, a nuestro ego y sus limitaciones, para descubrir quiénes somos en realidad, y tantas infinitas posibilidades… y, sobre todo, con qué facilidad poder ayudar a los demás y enseñarles a descubrir su potencial y su libertad interior para que no vuelvan a necesitar ir de víctimas por la vida. ¡Sencillamente perfecto!

Y a todo lo que ya sabía, añadí este gran descubrimiento y creé el mío propio, como muchos de nosotros, siguiendo las instrucciones de Richard Bandler, cuando en nuestro Trainer’s Training nos entregó unas tarjetitas, muy lindas, que conservo con cariño, en la que una de ellas decía más o menos: “esta persona es una co-creadora de la PNL, trátela con respeto”; y con todo el ímpetu e ilusión que me caracterizan, continué mi singladura en el mar abierto en el que me había lanzado, con ansia de integrar, aprender y compartir esta nueva visión del mundo, como el mejor homenaje que pude hallar en honor de Bandler, Grinder y sus secuaces, esos geniales iluminados que han aportado al mundo una panacea digna de un premio Nóbel.

 

Creando y co-creando…

 

Y desde entonces han volado los años, todos hemos seguido creciendo, desarrollando la PNL con nuestras propias inspiraciones, experiencias, aprendizajes, ideas, imaginación y valor añadido. Intentando cada día ser más PNL, es decir, mejor persona. Aunque ahora, a una parte de ello y de forma my resumida, se le ha venido en llamar “Coaching. “

Mira por donde, tanto desarrollo y co-creación ha dado sus frutos, porque resulta que la PNL ha demostrado ser hermafrodita y ha parido ella solita esta especie de hijo ilegítimo, que no deja de ser el mismo perro (cachorro) con distinto collar. Y, ¡por supuesto!, cómo no, con el apadrinamiento de otras tantas Societies internacionales, que han surgido de la nada como por arte de ensalmo, todas ellas señalándose a sí mismas como únicas y exclusivas, que también dan sus correspondientes certificados únicos y exclusivos de bautismo internacional, que siguen como siempre sin servir para nada. Bueno, tampoco hay que exagerar: al menos sirven para sacar el dinero a los incautos intentando demostrar lo indemostrable. Y para engrosar nuestro currículo, por supuesto, que no hay mal que por bien no venga.

Si, como dice Deepak Chopra, todos somos co-creadores con Dios –lo cual suscribo completamente– ¿no seremos todos co-creadores con Bandler y Grinder, con Dilts, Reese, Andreas, DeLozier y tantos otros co-creadores primigenios? ¿Y no bebieron ellos de las fuentes de otros modelos pre-creadores como Erickson, Satir, Perls, Bateson, Korzybski, Chomsky…? ¿Y acaso se les rinde tributo, o se les paga dinero a sus familiares, o se les pidió a estos que emitieran algún certificado internacional? Porque, señores, si resulta que todos somos co-creadores, ¿qué pasa entonces con nuestra parte del pastel? Preguntémonos pues ¿a quién pertenecen las estrellas, el cielo, el Universo, la sabiduría, la inspiración, la experiencia, la energía, el trabajo, el conocimiento que ha hecho avanzar a la humanidad? ¿Hay alguien en el mundo que pueda certificar eso? Porque esos certificados sí que serían valiosos. Todos los demás sirven para bien poco. Eso sí, quedan muy bonitos en un dossier a todo color o enmarcados en la pared, a tono con el mobiliario del despacho. Pero ningún diploma, por muy internacional que sea, habla por sí sólo de “quién es quién”.

Retomemos entonces el tema anterior: ¿A quién pertenece pues la PNL? Como Sociedad oficial (NLP Society), a unos pocos creadores y co-creadores, merecedores de nuestro más noble y profundo agradecimiento, consideración y sincero respeto.

Como ciencia o conocimientos compartidos y publicados hasta la saciedad, pertenece ya a todos y cada uno de los seres humanos que la han aprendido con seriedad responsable y se la han aplicado a sí mismos, a todos aquellos que están poniendo su granito de arena en crear un mundo mejor, a todos aquellos que usan estas herramientas únicas para crecer ellos mismos y con su ejemplo ayudar a crecer a otros, a todos aquellos que deciden ser líderes ejemplares, a todos aquellos para quienes su congruencia personal es el más alto valor y baluarte en su paso por la Tierra, a todos aquellos que han integrado la PNL en su vida, con la intención de ser seres humanos dignos de representar a Dios en el planeta como legítimos hijos Suyos.

Y todo eso no se puede certificar a ningún nivel: eso se es, o no se es.

Pero ante todo y sobre todo, la PNL pertenece a todos aquellos que se dejan la piel cuando imparten un curso, porque ponen en ello no sólo su sabiduría, que va más allá del mero conocimiento, sino su corazón y su alma, que no están enfermos de titulitis crónica, que se focalizan en que cada alumno conecte con su espíritu y grandeza divina, que certifique resultados y no papeles y cuya mayor satisfacción sea la del deber cumplido: despertar la conciencia de los Seres Humanos.

Aunque, como ya sabemos, muchos son los llamados y pocos los elegidos. A las pruebas me remito.

Inma Capó

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