Cursos para Empresas

“La ignorancia es la única habilidad que no necesita perfeccionamiento”

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En las últimas décadas se ha hecho cada vez más patente la lógica necesidad de invertir en formación empresarial, ante la integración en la UE y los sucesivos cambios y adaptación a nuevos paradigmas, que las empresas que han querido sobrevivir y salir adelante, han tenido que aceptar e implementar en sus organizaciones.

No obstante y a pesar de cierto despertar en ese ámbito, todavía hoy, ya entrado el siglo XXI y ante una información mundial que está al alcance de cualquiera que tenga un mínimo interés, todavía me asombro de muchas cosas como las que indico a continuación, con la noble intención de seguir aportando mi granito de arena en la toma de conciencia de mis lectores.

Se supone que una empresa en activo ya tiene la formación técnica específica para llevar a cabo sus distintas actividades empresariales. Se supone además que goza de una infraestructura material que le permite hacerlo con eficacia. Y un lugar y espacio físico donde todo ello ocurre. Y a ese lugar y espacio físico es donde acuden las personas que hacen que todo ello ocurra, ya que sin las personas no existe la empresa.

Pues bien, recientemente una persona experta en formación empresarial me comentaba lo siguiente: “Dra. Inma, he estado estudiando sus programas, artículos, etc., y veo que están enfocados a las personas. ¿Tiene usted programas específicos para las empresas?”

En cuanto me recuperé del impacto, le respondí que podía perfectamente organizar cursos para edificios, mesas, sillas, ordenadores, almacenes, camiones, etc., pero que dudaba de los resultados.

Mientras este país tenga la misma mentalidad que nos caracteriza, es decir, anclados en el pasado, viviendo desde el ego y no desde la conciencia y siga sin ser consciente de la gran importancia de la educación y formación de sus súbditos, seguirá ocurriendo lo que dijo Einstein: “un problema nunca podrá ser resuelto por la misma forma de pensar que lo creó.” Y ello nos da como resultado los datos que detallo a continuación.

Productividad a la baja.

Es ya un dicho común que España es el país donde más se trabaja y menos se produce. Vean estos índices:

“En 1995 el diferencial de productividad entre EEUU y España era del 15% favorable al primero y el gap ha ido creciendo hasta el 27% en el 2007. Según el profesor Doménech, 20 de los 27 puntos de ‘atraso’ con respecto a EEUU son explicados por el capital humano, es decir, por la formación de los trabajadores.”
http://www.americaeconomica.com/portada/reportajes/diciembre06/011206/miguel.htm

Añadamos comentarios tercermundistas del tenor de “esto es muy americano” o “si es americano no me interesa”, dicho sin conocer el producto, ni comprender la filosofía de la empresa, demostrando con ello un extraño pero atávico complejo de inferioridad o de envidia mal encubierta, que impide investigar, aprender o siquiera copiar, como han sabido hacer los japoneses con gran éxito. Es decir, señores: nos estamos refiriendo a los países más ricos del planeta, sin contar con Arabia Saudita que debe su riqueza única y exclusivamente al petróleo. Veremos qué saben hacer cuando se les acabe.

Si no somos productivos, al menos seamos competitivos.

En el  Global Competitiveness Report 2007-2008 (World Economic Forum) en el que se han estudiado los índices de competitividad mundial de 131 países en todos los Continentes (Africa incluida, por supuesto), aparece Turquía por delante de Grecia, pero a España ni se la menciona. Debe estar en el 132 o dentro de “other countries” que se indican por detrás de Turquía.

Pero no hay que apurarse: estamos mucho mejor en competitividad tecnológica, según anunciaba el diario Cinco Días (2007): “España, en el puesto 24 del ranking mundial de competitividad tecnológica. La industria española de tecnologías de la información (TI) es poco competitiva, según un estudio de la Economist Intelligence Unit (EIU) presentado ayer. El informe cubre 64 países y España ocupa un modestísimo puesto 24.”

Menos da una piedra. Y además, no es para afligirse: ¡estamos por delante de Estonia y al quite con Portugal! Porque miren lo que viene ocurriendo año tras año:

“Portugal ya supera a España en competitividad tecnológica.
España ha caído dos posiciones, hasta el puesto número 31, en la clasificación del Foro Económico Mundial (FEM) de 2005, que mide el desarrollo tecnológico de 115 países. El estudio muestra además cómo Chile y Portugal han superado a nuestro país, escalando hasta los puestos 29 y 27, respectivamente.”  (En el 2004 España estaba en el puesto 29).

Lo siento amigos, pero seguro que seguimos estando por delante de alguien más… no sé si Bulgaria o Nigeria, así que no se desanimen. Como solemos decir por aquí, ¡podría ser peor! El conformismo es una de las lacras sociales que nos caracteriza.

Veamos ahora algo en lo que somos o nos creemos famosos: el turismo. Una de nuestras mayores fuentes de ingresos y de imagen internacional, o eso creía yo.

“El World Economic Forum dio a conocer a principios de este mes un ranking de competitividad mundial en turismo, que toma en cuenta una serie de variables como políticas públicas y regulaciones; seguridad; salud e higiene; prioridad de la actividad turística; calidad de la infraestructura turística, aérea y de rutas; capital humano; competitividad de los precios internos; recursos culturales y naturales; e infraestructura de comunicaciones. El país que mejor se posicionó en este ranking es Suiza, con una calificación de 5,66. Le siguen Austria, Alemania, Islandia y Estados Unidos. (¿Y España? ¿Dónde está España, por Dios?)

Entre los países de nuestro mismo idioma, entre los primeros veinte sólo figura España, que aparece en el lugar 15.”

O sea, que ni siquiera estamos entre los diez primeros… Tenemos por delante 14 países de habla hispana a los cuales solemos criticar generalmente sin conocerlos. Así que antes de alardear de cosas que no sabemos, hay que ir enterándose.

¡Ay de mí! Con lo orgullosa que estaba yo de alardear en todos mis viajes allende fronteras, de las bellezas y atractivos turísticos de nuestro país, y que teníamos más millones de visitantes que nadie y que aquí todo estaba muy bien organizado y más barato… pues va a ser que no.

Cómo y dónde se aprende a obtener tales resultados.

Pasemos ahora a nuestras Universidades, crisol donde supuestamente se cincela y da forma al ser humano que cae en este país de zambomba y pandereta. No es de extrañar pues que nuestros empresarios y técnicos estén preparados en el mismo ranking y nivel de calidad.
http://www.aprendemas.com/Noticias/html/N555_F14092004.HTML

Ranking mundial: El número 1 del mundo es Harvard, la 2 Standford, la 3 Berkeley… (todas y las que les siguen en USA, informo para los que no viajan…) y España aparece entre el nº 150 y el 200 con la Universidad de Barcelona, y después las de Madrid en los 300, Valencia entre los 400 principales, y así sucesivamente.

http://www.abc.es:80/20080901/opinion-firmas/suspenso-futuro-20080901.html

En fin, no es como para echar cohetes, aunque eso es algo que nos gusta mucho en nuestro país, de carácter hospitalario (según la región), creativos (las Fallas de Valencia), músicos, festeros, y enfocados al máximo en pasarlo bien, aunque para ello haya que trabajar… qué le vamos a hacer, ¡castigo bíblico! al parecer.

Menos mal que existen grandes emprendedores, personas autodidactas que poseen la mejor de las titulaciones: ser conscientes de su poder; esgrimen en la vida su valor, coraje y seguridad en sí mismos, son un ejemplo a seguir y triunfan porque se lo han ganado a pulso. Todos conocemos a grandes genios y triunfadores, seres excelentes, que no han pasado por ninguna universidad y ni falta que les hace. Lo que saben lo han aprendido por sí sólos movidos por el mejor de los motores: su propio espìritu y afán de superación. Son los que no conocen la palabra “miedo” y por ello hacen que la humanidad avance.

Pero en algo vamos por delante

Porque, señores, en justa compensación, España está en los primeros puestos en otras cosas. Veamos:

“España ocupa el segundo puesto en el ranking de consumo de cocaína en la UE”
“En las calles de la Unión Europea el precio del cannabis, cocaína, heroína o éxtasis registra una tendencia a la baja que hace que, en algunos casos, resulte más barato adquirir drogas hoy que en los años 80, según el informe anual del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías. El consumo en España es máximo.”      EFE, Bruselas/Madrid.

En algo teníamos que destacarnos, sí señores. Nos vamos a llevar el primer premio en el ranking de “a ver quién lo hace peor.” Y como todas las drogas (tabaco en primer lugar y el resto después) afectan al cerebro, y al mismo tiempo focalizamos nuestra atención en ver quiénes están peor para comparar y consolarnos (en vez de lo contrario), y el resto de nuestro interés primordial radica en la trascendente preocupación de quién ganará la liga de fútbol, pues, qué quieren que les diga: esto es lo que hay. O lo que interesa que haya. Porque alguien debe de estar ganando mucho con esta situación.

Y menos mal que España va bien… que si no…

Renovarse o morir.

Acudí como oyente a un seminario sobre Innovación impartido por un experto colega del IE que se organizó en Valencia.  Asistían al mismo un elenco de elegidos empresarios cuya edad media debía rondar los cuarenta.  Todos muy serios, esa veintena de empresarios/as,  atendían con cierta expresión de escéptica incredulidad la brillante exposición sobre creatividad y distintos ejemplos empresariales nacionales y extranjeros, demostrando que las nuevas tendencias creativas estaban sustituyendo con gran éxito todas las reglas de marketing que siempre se habían estado enseñando en las escuelas profesionales. Como broche, mi amigo mostró un video donde una empresa de diseño americana dejaba totalmente libres a sus creativos, quienes, fuera de toda regla, norma, jerarquía, horario o costumbre, daban rienda suelta a su imaginación de las formas y modos más inesperados, consiguiendo en poco tiempo y satisfactoriamente el resultado deseado por el cliente. Los rostros de los asistentes eran cada vez más peripatéticos. Al finalizar, mi amigo les hizo la pregunta del millón: “Señores, ¿contratarían ustedes a este tipo de empleados, que les van a decir lo que ustedes están haciendo mal y van a querer hacer las cosas de forma diferente, es decir, innovadora y creativa?” La respuesta fue unánime: el silencio más absoluto como resultado del miedo que ahora reflejaban sus egos en sus herméticas facciones. ¡Y ellos eran los empresarios! Ante lo cual, mi amigo cambió de tema y continuó su disertación por otros derroteros.

Por el contrario, conozco el caso de un empresario con afán de innovación constante, abierto a todo lo que suponga un cambio o mejora, quien ante todo piensa en disfrutar de su trabajo y hacer que sus empleados estén satisfechos. En este caso, implementó una nueva línea de negocio para hacer frente a la crisis de su sector y tratar por todos los medios de mantener su empresa a flote tras veinte años de gran éxito. Pero era algo que sus empleados no conocían. Algo que se salía de lo que manejaban desde hacía veinte años. Y les entró el pánico. Lo primero fue hacerle ver al empresario todo lo que podía pasar si salía mal, en lugar de ver todo lo que podían ganar si salía bien. Una antigua empleada se presentó al borde de un ataque de nervios para pedirle por favor que no lo hiciera, que qué dirían los demás, que para qué había que hacer algo diferente. Y ellos eran los que tenían que hacerlo, así que para no enfrentarse al entorno y ante la falta de apoyo, decidió dejar atrás una gran idea, precisamente en el campo de la innovación tecnológica. Les ha dado a sus empleados unos meses de plazo para encontrar soluciones creativas a la crisis del sector. Si no las encuentran, cerrará la empresa. Como tantas otras. Luego al paro, a quejarse y a seguir igual. Y lo peor: no habrán aprendido nada, sólo a culpar a los demás o a su mala suerte…

El problema global es que la falta de preparación mental y humanista nos cuesta mucho dinero a todos vía seguridad social. Pero por lo visto la ignorancia ayuda a que el sistema se mantenga. Eso es algo sabido por los que ostentan el poder, desde la noche de los tiempos. No sé si lo inventó Maquiavelo, pero ya sabemos que España es el país que menos invierte en educación. Y así nos va.

¿Dónde está el problema?

Tanto los problemas como las soluciones siempre están en el mismo lugar: dentro de las personas. Un país no lo forman sus montañas, ni ríos, ni costas; eso sería tan solo un territorio. Un país lo forman sus gentes y su mentalidad, y su forma de pensar da unos resultados, para bien y/o para mal. Una familia se compone de personas. Una empresa se compone de personas que actúan en un contexto diferente, pero con un mismo cerebro y mentalidad. Se supone que la inteligencia operativa estaría en desarrollar todo lo que sea para bien y eliminar todo lo que sea para mal; es decir, quedarnos con lo que es útil y funciona y si no, hacer otra cosa: sustituir limitaciones por alternativas, problemas por soluciones, excusas por recursos.

Sin embargo, seguro que en el ranking de fabricantes de excusas, estamos los primeros. Si la imaginación que usamos en fabricar justificaciones y “es ques”, la usásemos en crecer y mejorar continuamente, otro gallo nos cantaría. Y si quieren seguir pensando que los cursos para empresas han de ser diferentes de los cursos para personas, pues avísenme cuando despierten.

Valgan algunos ejemplos más, para mayor abundamiento.

Las diferencias generacionales.
Una importante empresa al borde del cierre, por mala comunicación entre el padre (creador de la empresa) y el hijo (heredero y gerente). El primero visual; el segundo kinestésico. Lo que el primero decía el segundo lo anulaba y viceversa. El padre quería que todo siguiera como cuando él era joven. El hijo trataba de aplicar lo que había estudiado en la universidad, sin experiencia previa. Solución: contratar un gerente francés que se hizo cargo de la dirección. Todo, menos cuestionarse y poner al día sus valores y creencias, aprender a comunicarse y bajarse de sus respectivos egos, que es el peor enemigo de uno mismo.

Un curso in-company organizado por el hijo, quien ya había pedido voz y voto a su padre, tras demostrar su buen hacer y organizarle la empresa optimizando costes y recursos. En los descansos, el padre llamaba a alguno de los empleados asistentes diciendo: “te llevo esperando toda la mañana, a ver si dejáis de perder el tiempo en tonterías.” Sin comentarios.

Las empresas familiares.
Escribe Marguerite Yourcenar: “por más que se diga, los lazos de la sangre son harto débiles cuando no los refuerza el afecto; basta ver lo que ocurre entre las gentes cada vez que hay una herencia en litigio.”

Ejemplos hay de toda índole. La empresa donde el padre sigue sin querer soltar el timón ni aunque se jubile y el hijo que no se atreve a enfrentarse y decirle lo que piensa. Eso no está ni mal ni bien, siempre que las cosas funcionen y den los resultados previstos. Las cosas empiezan a fallar cuando la empresa es una prolongación del hogar o del ambiente familiar. El exceso de confianza o posibles faltas de respeto entre los miembros harán que los empleados copien y hagan lo mismo.

El no atreverse a diferenciar puestos y roles creará roces y malestar entre hermanos si trabajan todos en la empresa. Y eso dando por sentado que el trabajo heredado les guste. Conozco un caso donde un hijo, obligado a trabajar en la empresa familiar, controlado por una madre ignorante y autoritaria y una hermana mayor que llevaba las riendas del negocio, acabó en el psiquiátrico. Salió para luego dedicarse a estudiar y trabajar por su cuenta.

En estudios de consultoría, de mapas de riesgos o de mejora económica, suelen presentarse las recomendaciones y planes de acción mostrando que hay que eliminar varios puestos de trabajo por innecesarios o improductivos. Muchos de estos corresponden a familiares que, utilizando el parentesco o la confianza, abusan de lo uno y de lo otro, siendo un lastre para la empresa. Por cierto, tengo un amigo empresario que despidió a su hijo porque llegaba tarde al trabajo. Ejemplo que puso a todos los demás en estado de alerta. Ojalá cunda.

El mobbing, las depresiones y otras tomaduras de pelo.

“Depresión por cambio de turno”. Sí señores. Increíble pero cierto. Un afamado doctor de Cataluña firmó este parte de baja sin que se le cayeran los anillos. Una sustituta de una baja por maternidad acusó de mobbing a una alumna mía, doctora y jefa de un servicio sanitario, porque al regresar la propietaria del puesto de trabajo, para no despedirla, se la cambió de turno. Como a la buena señora no le venía bien, acudió llorosa al médico, éste le dio la baja y en su papel de pobre de mí y víctima –que es un rol muy cómodamente asumido por la mediocridad– creó un sin fin de problemas, además de no trabajar y seguir cobrando, por supuesto. El marido se presentó una vez para excusarla: “ya saben que mi mujer es muy débil”.  ¿Y los de RRHH no se dieron cuenta al principio?

La selección de personal vemos que deja mucho que desear. Precisamente porque no se forma a las personas para ser eso: personas. Solo se nos forma para ser trabajadores, empleados, técnicos o especialistas en algo, pero no para ser fuertes, proactivos, libres y con poder de adaptación al cambio. No señores. Eso no lo enseña el IE, ni ninguna escuela, ni ninguna Universidad, ni mucho menos en el hogar, excepciones aparte, que haberlas, haylas.

La ignorancia de que la empresa son las personas, cuesta mucho dinero a las primeras. En IBM, donde trabajé durante 20 años, se llevó a cabo una selección de personal en el Politécnico de Valencia. Entraron unos 10 Ingenieros de Telecomunicaciones, los más brillantes, por supuesto, para ocupar distintos puestos de trabajo, con la idea de que su formación técnica facilitaría su adaptación tipo “comodín” donde hicieran falta. El sueldo era muy bueno y las condiciones inmejorables. Se les formó en los distintos trabajos durante su periodo de prueba de 6 meses. Al cabo de los cuales la mayoría se marchó.

¿Habían dejado de ser Ingenieros? ¿Acaso habían olvidado lo que sabían? Por supuesto que no. Simplemente, no se sentían felices. No les gustaba el trabajo que les habían asignado. Cuando a uno de los que pidió la cuenta su jefe le preguntó “¿qué es lo que hemos hecho mal?”, respondió: “no solamente me habéis dado más trabajo del que puedo hacer, sino que además no me gusta nada y no me siento motivado.”

Motivación, ¡qué cosas! ¿Acaso se estudia eso en la carrera? ¿Hay alguna asignatura sobre la motivación? ¿Y además les tenía que gustar el trabajo y sentirse felices? ¿Dónde se habrá visto algo semejante? ¡Hay que ver, qué juventud!

Así que, señores empresarios, antes de buscar un curso de motivación, piensen en qué han hecho ustedes para desmotivar al personal. Luego ya hablaremos.

No podía dar crédito cuando una estudiante de 25 años, en último año de carrera de Empresariales de una Escuela Universitaria de Valencia, vino a verme para hacer Coaching porque se sentía muy insegura y ni siquiera se atrevía a sentarse en la primera fila de la clase. No quiero ni pensar qué hará en una empresa si tiene que hacer frente a imprevistos, eso en el caso de que consiga trabajo superando, sin que le dé un ataque, la primera entrevista de selección.

Que las carreras y cursos cuesten mucho dinero para obtener un diploma y una formación técnica es comprensible porque ello requiere tiempo y profesorado. Pero el profesorado son funcionarios, no expertos. Y que no se enseñe en ninguna parte a vivir desde el estado de recursos y poder personal, es algo ya inadmisible en nuestros días, que está dando como resultado todo y más de lo que han leído ustedes hasta aquí. Y seguro que conocen muchos más casos que yo.

Pero que en cursos tan caros como los del IE, Consultoras, Coaches y otras Escuelas de Negocios, la gente salga igual que ha entrado, me parece inmoral. Nadie se preocupa ni se compromete en que las personas apliquen lo aprendido, en que cambien y crezcan en su forma de ver el mundo, de comunicarse, de liderar, de generar un sano afán de superación, de ser un ejemplo en su entorno, y de transmitir todo ello a sus hijos, la siguiente generación que va a llevar al país… quién sabe donde.

Señor empresario: elija bien su equipo de trabajo.

Usted ya es una persona arriesgada. Arriesga su dinero, su tiempo y hasta su vida por sacar adelante una idea, un proyecto, un sueño. Y de paso crear puestos de trabajo, ya que uno sólo no puede llegar muy lejos. Entonces llama usted al INEM, o alguna otra entidad privada de reclutamiento y selección, o pone un anuncio y empieza a ver personas desconocidas delante de usted que, en principio, cubren ciertos requisitos técnicos. Bien. A partir de ahora, le invito a que añada usted preguntas de tipo personal. ¿Cuáles? Las que usted quiera, en función de qué tipo de persona desea que trabaje con usted. Para eso están los tests de personalidad u otros que a usted se le ocurran.

No se fíe de los tests de inteligencia. Son más fiables los que hablen de responsabilidad, iniciativa, automotivación y autodisciplina.

Así pues, lo primero es que decida: ¿Usted qué quiere y usted qué piensa? Eche un vistazo y tache lo que no proceda:

  1. Ser el jefe y que me obedezcan : necesito gente servil, miedosa y sumisa, que no me vayan a hacer sombra.
  2. Ser el director y crear un equipo de trabajo : necesito colaboradores a mi mismo nivel, para poder delegar y no tener que hacerlo yo todo ni controlar que lo hagan bien (trabajo doble).
  3. Ser un líder en mi empresa : necesito seguidores, preparados para cualquier eventualidad, que tengan un sueño que quieran compartir con el mío y crear un equipo de trabajo en el que confiar.
  4. Si me rodeo de mediocres, yo destacaré.
  5. Las cosas siempre se harán a mi manera, que es la única que yo conozco.
  6. Que nadie se atreva a moverme el sillón.
  7. Cuando yo hablo, los demás se callan y obedecen.
  8. Yo ya sé todo lo que necesito saber en la vida.
  9. Yo soy así y no puedo cambiar.

Y para que esto no sea infinito, simplemente decida si quiere usted contratar: débiles o fuertes, valientes o cobardes, adaptables al cambio o rígidos mentales, fumadores o gente con autorespeto y autoestima, proactivos o reactivos, atrevidos o conformistas, gente segura o insegura, personas con recursos o a quienes haya de decirles todo lo que han de hacer, gente creativa y con iniciativa o dependientes, pensadores o hacedores, pasivos o activos, lentos o rápidos, jugadores de equipo o profesionales en solitario, personas “ir hacia” o personas “huir de”, personas “opciones” o personas “procedimientos”… y así hasta conocer y comprender el perfil más idóneo de cada persona, de acuerdo a las características que hay que valorar antes de contratar a alguien, para no perder el tiempo ni usted ni el candidato.

Porque cuando pasamos mucho más del tercio de nuestra vida trabajando, más vale que tengamos en cuenta las cosas que realmente importan.

Y todo ello es independiente de si esa persona que tiene usted delante, ha estudiado contabilidad, o finanzas, o empresariales, o ingeniería o marketing. Lo importante, además de lo que sabe, es lo que ES. ¿Quién es ese ser, cuál es cu capacidad de reacción, de adaptación al cambio, de improvisación, su temperamento, sus metaprogramas, su autoestima, su inteligencia emocional…? En el tablero de ajedrez de mi empresa, ¿puede ser un alfil, una torre, un caballo o siempre será un peón? … Decida: ¿a quién quiere usted en su empresa, específicamente?

Simplemente, piensen una cosa: nuestro sistema educativo es de los peores que hay en Europa. Nuestras mentes más brillantes precisamente brillan por su ausencia: la mayoría se han ido a USA. Miren esto: “A pesar de la disminución del analfabetismo de los últimos años, hoy en día, más de un millón de españoles son analfabetos, en un mundo en el que, según datos de Naciones Unidas, al menos un 25 por ciento de los adultos carece de los conocimientos que exige su vida diaria.”  L D (EFE).

Y el colofón sería: la sociedad somos todos, y entre todos la matamos y ella sola se murió.

Los que nos atrevemos a asumir la misión de despertar las conciencias de la gente y fomentar el cambio social, a través de las técnicas de PNL (Poder Neurológico) por medio de nuestro granito de arena en cursos, artículos, libros, etc., no nos conformamos con enseñar. Eso es fácil y lo hace cualquiera que se haya aprendido unos libros de memoria, o haya asistido a muchos cursos de los de “salir igual que entró con otro diploma más”. Los que aceptamos esa responsabilidad desde la congruencia y poder personal, nos dedicamos a transmitir, a influir positivamente, a despertar a los dormidos y a resucitar a los muertos, por así decirlo. Y he aquí la diferencia entre instructores y Maestros: un instructor enseña lo que sabe. Un Maestro transmite lo que es. Y esa es la diferencia que marca la diferencia.

Busquen y tomen ejemplos que les sirvan de modelo. Como General Electric: es una empresa líder en el mundo porque invierte 500 millones de dólares anuales en formación a todos sus empleados. Algo tendrá el agua cuando la bendicen…

Tengan en cuenta: la empresa, como la vida, no nos paga por esfuerzos, sino por resultados. Y eso no se enseña en ninguna carrera.

Sí señor. Mis cursos son para las personas. Para las personas que forman una empresa, para las personas que se atreven a formar una familia, para las que desean poner una pica en Flandes y quieren aprender a conocer y educar bien a sus hijos. Para todas aquellas -cada vez más- que quieren salir de la mediocridad porque se asfixian y están buscando llevarse a sí mismas un paso más arriba y adelante en su desarrollo y evolución camino a la excelencia. Para todas las personas conscientes, interesadas en saber cómo sacar mayor partido a sí mismas, a su mente, a su cerebro y a la vida. Porque esas empresas sí son realmente importantes.

Señor empresario: usted es arriesgado, valiente y esperanzado. Enhorabuena. Tiene un sueño y quiere realizarlo. No permita que nadie se lo robe. Y para alcanzarlo no necesita títeres ni zombies, sino Personas.

Por eso mis cursos son para las Personas.

Inma Capó

La capacidad empresarial
es un estado mental,
una actitud de “puedo hacerlo”,
una capacidad de foco en la visión y el trabajo hacia ella.

THOMAS CARLYLE

PS.-

Este artículo lo escribí hace un tiempo, pero actualmente sigue estando en vigor dado que, con la mentalidad de la que hablo, hemos ido a peor, alcanzando un 20% de paro, mientras que en Europa raya solamente un 9%. ¿Por qué será? ¿Será la mala suerte, el destino, o simplemente la forma de pensar?

Cuando la Sra. Merkel dijo a los sindicatos españoles que había que ajustar los salarios a la productividad, por pura lógica, los empresarios dijeron al unísono que aquí en España eso no era posible.

Ignoro por qué y por mucho que le doy vueltas, sigo sin comprenderlo. Sólo me atengo a los deplorables resultados que han hecho de este país la vergüenza propia y ajena y el hazmerreir del mundo.

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