¿Cómo has sido programado para vivir?

Programadores no profesionales.

“Hay una única educación, y es el ejemplo.”

Gustav Mahler.

cabeza abierta

Hola, bienvenido al Club de la Excelencia. Y ya que está aquí, frente a la pantalla, aproveche su valioso tiempo y pregúntese: ¿Ha sido usted programado para el éxito, la libertad, la independencia, la autoestima…? o por el contrario, ¿ha sido usted programado para el fracaso, la dependencia, el miedo, el victimismo, la justificación…?

Pregúntese de otra forma: ¿Qué es lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, la felicidad y la miseria, la mediocridad y la verdadera realización personal, la resiliencia y el victimismo…?

Sea como sea, no se preocupe. Si está vivo y está leyendo esto, no está tan mal. Felicitaciones. Sin embargo, le aseguro que podría estar mucho mejor… y por el mismo precio. ¿Por qué?

Porque todos hemos sido programados por personas no profesionales, es decir, padres, maestros, familia, entorno y el cura de la parroquia, o la TV que ha venido a ocupar negativamente el lugar de los antiguos mentores, tutores, institutrices y maestros. Valga decir, ninguno de ellos tenía ni tiene la más mínima idea de cómo se programa un cerebro humano, así que, con mejor voluntad que conocimientos, todo el mundo ha hecho lo que ha podido y las sucesivas generaciones hemos copiado lo que hemos visto a nuestro alrededor, que es cómo aprendemos los cachorros mamíferos superiores: por copia e imitación de lo que vemos, no de lo que oímos o nos dicen, a no ser que esto último sea a base de repetición, premios y/o castigos.

La sociedad que hemos creado es el resultado evidente de lo mal que lo hemos venido haciendo y de que los ejemplos a seguir no son precisamente la imagen de la perfección.

Pero no se preocupe: la buena noticia es que todo ello, igual que entró en su cerebro, puede salir. Igual que el cerebro aprende, puede desaprender. Al fin y al cabo, su cerebro no le conoce y su mente o “disco duro” no es más que el software o archivo de toda la información que le ha sido perpetrada, es decir, programada, sin su consentimiento ni conciencia, desde el día en que decidió asumir la aventura de venir a vivir a este planeta de tres dimensiones.

¿Sabía usted que el 83% de la humanidad está programado para el fracaso? Es decir, la educastración recibida a través de los cinco sentidos desde que nació hasta hoy, está organizada de modo que en su mente se han generado todos los esquemas mentales necesarios y óptimos para generar los comportamientos tendentes a llevarle a usted al fracaso más rotundo.

¿Cómo? Muy fácil: los programadores han tratado con todos los métodos a su alcance que usted no destaque, que sea como ellos, porque sino no se sienten bien consigo mismos, porque ser diferente es malo, porque no se debe llamar la atención, porque hay que poner a los demás por delante de usted (no se sabe la razón, pero ahí van…), porque sino lo hace es que usted es un egoísta (y los que se lo dicen no sabemos qué son…) y además, resulta que no es bueno que el hombre esté solo y usted necesita a un/una alguien más para ser feliz y que todo eso es ser normal. Yo le llamo a todo este montaje de otras mil maneras, pero usted puede llamarlo como prefiera.

El problema fundamental reside en que a nuestra programación o mente (con sus programas obsoletos, sus virus, sus creencias y valores de cuando éramos pequeñitos, etc. …) le llamamos “YO”.  Y este ha sido uno de mis principales descubrimientos en mi trayectoria profesional. Si usted se identifica con su programación, con su disco duro, su software, está perdido. Y de ahí surge la manida frase, basada en la ignorancia más supina, que generalmente aboca a sus usuarios a un alto grado de idiotez: “Yo soy así y no puedo cambiar”. Ello supone aceptar que nuestra programación nos gobierna. O esta otra: “A mí me educaron así”, lo cual supone culpar a otros de cómo nos va en la vida. Todo ello no sirve más que para continuar igual… y seguir quejándose.

Este es el resultado de los estudios:

“Científicos del fenómeno humano afirman que, en un tanto así como el 83% de la población mundial, las estructuras mentales que poseen, son de fracaso. Esto significa que el 83% de la gente que consideramos “normal”, obedecen a estructuras mentales de fracaso. El resultado de las estructuras mentales de fracaso son personas indecisas, infelices, insatisfechas y condenadas a ser simples “unidades productivas del sistema”. Y todo ello a la larga se somatiza de una u otra forma. Así comprenderemos porqué hay cada vez más enfermedades, más laboratorios farmacéuticos encantados de la vida, más hospitales y que la Seguridad Social esté en bancarrota.

Entre otros virus mentales, los esquemas básicos de la programación calificada como “normal” se basan en tres comportamientos contagiados por copia e insistencia del entorno:

1)       No te arriesgues. No lo intentes, porque otros fracasaron antes que tú, y hay que conformarse. No tengas sueños ni delirios de grandeza, que eso es estar loco. Hay que ser como los demás, sino, ¿qué pensarán, qué dirán los demás? ¿Quién te has creído que eres? Resultado: miedo, inacción, conformismo, fracaso, inferioridad, falta de autoestima, somatización,…

2)       Pero si aún así, supera esa primera prueba y se atreve a intentar algo nuevo, la duda sistémica invadirá su mente, apoyada por el entorno. ¿Qué podría pasar? ¿Y si no me sale bien a la primera? ¿Y si hay que invertir dinero y lo pierdo…? Porque, claro, el Sistema tendría que invertir por mí, tendría que dármelo todo hecho, porque los que tienen suerte seguro que es porque tienen “enchufe” o algo sucio deben estar haciendo. Además, el dinero es malo y corrompe y no todos tenemos suerte en la vida. Seguro que los hay que están peor… Resultado: sumemos a lo anterior pobreza de espíritu, mediocridad, victimismo, etc.

3)       Con estos pensamientos, realmente, aunque haga algo no lo conseguirá, porque todo ese autosabotaje le hará ver que todavía no está preparado, que podría equivocarse, que aún no es su momento, que todo ha de estar perfecto y aún así en la vida se fracasa porque todo es difícil y complejo. Y más vale aceptar lo que tiene, que decidirse a cambiar y tener afán de superación. Resultado: uno más a engrosar el pelotón de los fracasados, para no ser menos y dar la razón a los programadores más cercanos.

Bien, si ha llegado hasta aquí, le felicito de nuevo, porque implica que siente usted curiosidad, lo cual es el primer paso para salir de la rutina programada y pasar a crear otra red neuronal distinta. La máquina, perfecta y maravillosa, ya la lleva incorporada y es gratis: su cerebro. Solo que éste obedece a su programación, no a usted. Porque usted, es decir, su conciencia, su espíritu o “director de orquesta interior” no está interviniendo en el proceso. Simplemente, brilla por su ausencia.

No voy a darle aquí la panacea para el cambio, pero sí le aseguro que usted no nació programado para nada. Usted nació para ser un triunfador, porque, ante todo, recuerde que usted nació libre, con un cerebro, mente, espíritu, esencia, energía y vida nuevos, sin límites, sin estrenar, preparados para vivir, y aunque en este momento el 95% de su programación actúa por sí sola desde hace muchos años, siempre queda ese 5% de libertad interior, al que llamamos “voluntad y conciencia”, que es suficiente para poder cambiar casi el 95% restante con ayuda de la PNL y nuestro enfoque “Poder Neurológico”.

Para ello, nuestros cursos le enseñarán el uso de las técnicas precisas y filosofía de vida para que usted mismo descubra y conecte con su magia interior, hasta llegar a reconocer, aunque sea un poco, su auténtica presencia, con la que nació usted, su espíritu, su grandeza, su divinidad, su verdadera conciencia y su propia identidad espiritual.

Y sólo por ello será usted un triunfador, porque el mayor triunfo estriba en el autoconocimiento y en la autorrealización consciente. Conocedor pues de sus recursos y sus programas inconscientes, usted podrá reprogramarse a su propia imagen y semejanza, de modo que utilice un mayor porcentaje de su potencial innato, que está ahí todavía esperando que le dé una oportunidad de manifestarse en todo su poder.

Le garantizamos que si acepta usted el reto y se pone a prueba, disfrutará plenamente de usted mismo como nunca hasta ahora, porque no hay mayor placer que el autoconocimiento y el propio disfrute de nuestras infinitas capacidades.

Sólo piense en todo lo que se puede estar perdiendo mientras tanto…

Eso sí, también le garantizo que, tan pronto decida usted tomar las riendas de su vida, desde su propia honestidad y congruencia interior, habrá muchos “damnificados” alrededor que le proporcionarán el feedback acostumbrado, es decir, “tú ya no eres como antes, has cambiado mucho, seguro que te has metido en alguna secta, estás muy raro…” y un sinfín de comentarios que le ratificarán que, por fin, usted lo está haciendo bien, para lo cual, no hay más que mirar alrededor y –salvo excepciones honrosas- hacer todo lo contrario.

Y entonces recuerde usted este aforismo: “reconocerás a quién de verdad te quiere, porque te ayudará a crecer aún a riesgo de perderte”.

Todo ello lo encontrará resumido en mi libro “Retorno al Paraíso. El Despertar – 6ª edición.”

Espero haberle ayudado o al menos, entretenido sanamente.

Inma Capó

IINLP desde 1992.

 

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