Suelta tu cuerda y libérate…

La rutina destruye el espíritu humano.

Inma Capó

 

 

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En mis cursos, en las sesiones de coaching, en la mayoría de los casos que la vida me presenta como estímulos para poner a prueba mi capacidad de respuesta y comprensión, y en mi propia vida todavía, me he venido dando cuenta de que la mayoría de nosotros estamos siempre amarrados a una cuerda, una soga que, aunque a veces nos duela o pese demasiado, nos parece imposible soltar. Y por eso no la soltamos. Por miedo, por inseguridad, por comodidad, por temor a arriesgarnos e intentar algo nuevo o diferente, y por tanto, nuestra mentalidad no cambia.

 Todo sigue igual en nuestras rutinarias vidas, lo cual significa que el tiempo que se nos ha dado para evolucionar, no sólo no lo hemos aprovechado sino que estamos donde al principio, lo cual implica que estamos involucionando, ya que si del nivel 1 teníamos que estar en el 2 en un tiempo determinado, ese tiempo ha transcurrido y seguimos estancados en el 1. Y ese tiempo ya no se recupera. En una empresa, a ese proceso le llamaríamos “Pérdidas” y esa mentalidad, a nivel global, da como resultado la crisis, lo cual no es más que la suma de mentalidades colgadas siempre de la misma cuerda.

La gente sigue pensando igual: que el sistema me lo tiene que solucionar todo; que las cosas que ocurren no son culpa mía; que si puedo vivir sin trabajar, mejor que mejor; que yo tengo derecho a todo pero no tengo porque aportar nada; que las cosas que ocurren no son asunto mío,…y así está el mundo… quejándose de la crisis, cuando en realidad ésta no es más que el resultado lógico de la mentalidad de las personas que componemos la sociedad y que, desgraciadamente, es un fenómeno globalizado, donde incluso las torres más altas (Banca, Gobiernos, etc.) están cayendo por su propio peso… ya que también continúan colgados de sus respectivas cuerdas. La sociedad somos todos… pero entre todos la matamos y ella sola se murió.

 

Como montañera que fui años ha, recuerdo un cuento que está basado en hechos reales y cuyo origen desconozco, por lo que pido perdón por no poder citar su autoría, pero valga el mensaje que encierra.

 

“Jorge y un grupo de amigos montañeros decidieron ir a escalar un  peligroso pico, pese a que una tormenta se acercaba, pero pensaron que no les alcanzaría.
Por desgracia, la fuerte tormenta los sorprende en pleno ascenso y son golpeados por el viento y la nieve.
Agarrados a duras penas en una escarpada pared nada pueden hacer y la oscuridad baja rápidamente.
Empiezan a congelarse lentamente y, de repente… ¡pánico!, uno de los montañeros se desprende y arrastra en la caída al resto de compañeros colgados de la misma soga.
Golpes, rebotes, dolor, gritos, oscuridad, silencio…
Finalmente Jorge recupera el sentido colgado en el vacío y en medio de la más completa oscuridad.
Grita…pero nadie responde a su llamada.
Intenta agarrarse de algún risco, pero sus manos y pies sólo encuentran el vacío.
Sabe que pronto va a morir congelado y decide elevar una  plegaria:
– “Señor…tengo miedo…ayúdame a salvarme…”
De repente una voz resuena en sus oídos.
– “Jorge, suéltate de la cuerda…”
Jorge duda, no sabe si no se trata de una ilusión auditiva en su propia cabeza.
¿Soltarse de la cuerda?…, es una muerte segura.

Pasada la tormenta el equipo de rescate se sorprendió al ver el montañero muerto, colgando de una cuerda a escasos centímetros de una plataforma que perfectamente le hubiese servido de apoyo y resguardo hasta que finalizase la tormenta…”

Pensemos en cuáles son nuestras cuerdas, a las que estamos atados sin quizás darnos cuenta, y de las que ni siquiera una crisis como la actual nos empuja a soltarnos.

Estamos atados a la soga de nuestro trabajo o rutina, de nuestras creencias y hábitos, y estamos temerosos de tomar el riesgo de lanzarnos al vacío. Y nuestras cuerdas, heredadas de padres a hijos o compradas en cualquier tienda del entorno, tienen colgadas unas etiquetas que rezan más o menos así:

– “No tengo tiempo”… – “Prefiero tomarme unas vacaciones a invertir en mí mismo y aprender algo nuevo, diferente.” ¿Para qué? – “Iniciar un nuevo negocio… ¿Estudiar o investigar?, ¿para qué?”… –  “Las cosas siempre han sido así y así seguirán y no hay nada que yo pueda hacer para cambiarlas.” “Más vale malo conocido que bueno por conocer.” “No hay nada como un empleo fijo y seguro, de los de para toda la vida.”  “Si la empresa cierra, al paro y ya está.” No nos extrañe pues que el INEM esté en quiebra.

Todas éstas son “sogas” que nos impiden llegar hasta una plataforma segura y que nos llevan a congelarnos en la rutina y, por ende, en la mediocridad. Y por mucho que nos quejemos de nuestra suerte, nada, ahí estamos cual zombies agarrados a nuestra cuerda, sin darnos cuenta de que nos estamos jugando la vida… o la salud… o la prosperidad… o la felicidad… o las oportunidades, porque nuestras cuerdas a las que nos agarramos nos impiden descubrir todo lo que nos estamos perdiendo fuera de ellas, si tan sólo nos atreviésemos a soltarlas para ser libres y poder volar.

Sin embargo, hay también muchas personas que, ante una situación imprevista, deciden soltar sus cuerdas, soltar sus amarras y asumir riesgos que, como mínimo, siempre les aportarán un nuevo aprendizaje, un nuevo descubrimiento y, por qué no, quizás el éxito. Son los líderes, los emprendedores, los aventureros, los arriesgados, los valientes, los inconformistas: los triunfadores.

 

Reflexiona: alguna vez, haz caso de la voz en tu cabeza que te aconseja soltar la cuerda en la oscuridad. Y entonces halles por fin el camino hacia la luz.

Así que…

¡Suelta tu cuerda y libérate…!

“Las oportunidades nunca se pierden: las aprovechan otros”

 

Inma Capó

IINLP desde 1992.

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